Dolarización: Se impone la necesidad de un debate

14 de abril de 2022

La aceleración de un nuevo ciclo de alta inflación pone sobre el tapete la necesidad de erradicar de una vez por todas un mal que nos aflije recurrentemente desde 1825. La dolarización es una alternativa que merece ser considerada seriamente. Se trata de un término que tiene múltiples significados, lo cual muchas veces genera confusión. Una dolarización oficial significa que el Estado adopta el dólar como moneda de curso legal y renuncia a tener su propia moneda. Hay muchas maneras distintas de implementarla. Por ejemplo, en Panamá tanto el dolar como el balboa tienen curso legal pero en la práctica se usa solamente la primera de estas monedas. Cuando se habla de dolarización oficial otra cuestión importante es como se organiza el sistema bancario. En la mayoría de los países el dinero bancario (es decir, los depósitos) representan casi 80% de la oferta de dinero más amplia (M3). Una dolarización oficial admite distintos formatos para el sistema bancario. Algunos de ellos

Las objeciones a una dolarizacion oficial pueden agruparse en seis categorías no excluyentes: 1) las nacionalistas, 2) las naive, 3) las de la “falacia del nirvana”, 4) las teóricas, 5) las prácticas, y 6) las políticas. Las del primer grupo son indefendibles. El peso no significa “soberanía” porque si así fuera no seríamos una nación soberana, ya que en los últimos 21 años perdió 99,5% de su valor. Las de la segunda categoría son del tipo “lo que tiene que hacer el gobierno no es dolarizar sino reducir el gasto público, abrir la economia, desregular, etc.”. Es como decirle a una persona con un serio problema de obesidad: “el anillo gástrico no es la solución a su problema, lo que tiene que hacer Ud. es comer menos”. Justamente el anillo gástrico es lo que le permite a esa persona cambiar sus hábitos alimenticios y asi poder bajar de peso. Es una condición necesaria pero no suficiente para lograrlo. Quienes no cambian sus hábitos rápidamente vuelven al statu quo. En cierto sentido, la dolarización oficial es como un anillo gástrico: un remedio extremo para pacientes en estado crítico, que pone de relieve la necesidad y la urgencia de un cambio de hábitos. La historia argentina demuestra dos cosas. Primero, que el sistema político es incapaz de hacer lo necesario para estabilizar la economía a menos que se encuentre frente a una hiperinflación. Segundo, que cuando hace reformas estructurales, como en los noventa, no puede sostenerlas en el tiempo. Cuando las restricciones al gasto empiezan a “apretar” son revertidas fácilmente por un Congreso sometido al Poder Ejecutivo.

Las objeciones en la tercera categoría plantean que con una dolarización a) no podríamos hacer ciertas cosas que en realidad nunca hicimos (o nunca pudimos hacer), b) nos forzaría a tomar medidas que de cualquier manera debemos tomar, y/o, c) nos pondria en una situación que no es distinta a la que ya estamos. Ejemplo de lo primero es que con una dolarización perderíamos a la política monetaria como herramienta de estabilización de la economía cuando en realidad casi siempre ha sido una fuente de inestabilidad. Ejemplo de lo segundo es decir que la dolarización requiere un ajuste fiscal políticamente inviable cuando en realidad el ajuste es inevitable porque caso contrario terminaremos en una hiperinflación. Ejemplo de lo tercero es decir que con una dolarización quedaríamos subyugados a la politica monetaria norteamericana cuando ya lo estamos, incluso más que otros países como Ecuador y El Salvador que dolarizaron sus economías.   

Las objeciones teóricas son básicamente tres: 1) la economía argentina no pertenece al “area monetaria” del dólar, 2) adoptar el dólar como moneda exacerbaría el ciclo económico, y 3) con una dolarización perderíamos al BCRA como prestamista de última instancia. La primera es inválida, como lo explicó muy bien Robert Mundell, el premio Nobel que desarrolló el concepto de areas monetarias óptimas. Hay que destacar otros dos puntos: a) el 80% del comercio mundial está facturado en dólares, y b) en una economía cerrada y dolarizada de facto como la argentina, los flujos financieros tienen tanto o más peso que los comerciales. En cuanto a la segunda objeción, la experiencia de la primera década de este siglo muestra que lo que realmente exacerba el ciclo económico son las políticas populistas. Finalmente, el BCRA es el deudor de primera instancia del sistema financiero. El único prestamista de última instancia que hemos tenido en los últimos setenta años ha sido el FMI. Obviamente no lo perderiamos bajo una dolarizacion. Ecuador, El Salvador y Panamá siguen teniendo acceso a la asistencia del organismo.

Respecto a la implementación práctica de la dolarización, si bien es cierto que sin reservas internacionales implicaría una mega devaluación, es un error conceptual evaluar la conveniencia de una reforma de largo plazo debido a cuestiones coyunturales. La falta de reservas es una limitación estructural de la economía argentina sino consecuencia de las malas políticas que adoptó el gobierno.

Lo cual nos lleva a la última objeción. Resulta obvio que sin un amplio acuerdo político una dolarización oficial es utópica. También es obvio que con ese acuerdo su impacto sería tremendamente poderoso, incluso sobre la coyuntura.

Desde el punto de vista estrictamente económico hay muchas razones para dolarizar. Destaco tres particularmente importantes. Primero, los argentinos ya dolarizaron sus ahorros. Toda la liquidez que tienen en pesos representa a lo sumo un 15% de la liquidez que tienen en dólares. Es decir, tenemos todos los costos y las limitaciones de una dolarizacion oficial sin ninguno de sus beneficios. Segundo, la deuda en dólares del gobierno nacional asciende a 250.000 millones. Es una deuda impagable sin una dolarización oficial y, por ende, debido a un descalce cambiario estructural continuará siendo una fuente permanente de inestabilidad macroeconómica. Tercero, una dolarización oficial ofrece la única esperanza para repatriar los 400.000 millones de dólares que los argentinos tienen fuera del país.

Es obvio que sólo adoptar el dólar como moneda de curso legal no alcanza. El problema es que sin credibilidad es imposible eliminar la inflación. Credibilidad no es más que la expectativa generalizada de que las reformas impulsadas por el gobierno se mantendrán en el futuro. En la Argentina las reformas de jure, es decir aprobadas por ley del Congreso, no generan credibilidad. Sólo la inviabilidad económica del statu quo las hace posible en el corto y mediano plazo pero su durabilidad es incierta. La cuestión entonces se centra en determinar la secuencia óptima de las reformas. Una dolarización oficial con libre competencia de monedas convertibles, una reforma bancaria que ponga los depósitos bancarios fuera del alcance de los políticos y facilite el crédito al sector privado y la firma de tratados de libre comercio con la UE, el TPP y el ex NAFTA constituirían una trinidad de reformas institucionales dificiles de revertir que impondrian la necesidad de llevar adelante otras reformas estructurales (impositiva, laboral, etc.). No sería un «simple arreglo monetario» sino un cambio de régimen que al no depender de la voluntad del sistema político generaría credibilidad.

Es imposible resumir en un artículo todas las ventajas y desventajas de una dolarización oficial. Lo que está fuera de duda es que avanzar por el camino iniciado hace veinte años profundizará el estancamiento y aumentará la pobreza. Es necesario debatir de manera razonada cual es la mejor manera de cambiar de rumbo y ofrecerle una esperanza a la juventud argentina.

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